IA Limpia
IA que corre, código que dura.
Las buenas prácticas que hacen que el software dure no caducan con la IA: importan más que nunca, porque ahora los errores también se generan más rápido.
Código limpio
Si no lo entiendes, no lo aceptas
La IA escribe muy rápido, pero el código lo mantienes tú. Nombres claros y piezas pequeñas para que cualquiera pueda leerlo. Es como firmar un contrato: da igual quién lo redacte, léelo antes de firmar.
TDD
Sin pruebas, no está terminado
Primero se define qué debe pasar y después se pide el código. Es como dar la receta al cocinero y probar el plato antes de servirlo. Y si una prueba falla, se arregla el plato, no la prueba.
Arquitectura limpia
Lo importante, en el centro
Las reglas de tu negocio no deben depender de la base de datos, de la pantalla ni de la herramienta de moda. Una casa bien hecha permite cambiar los muebles sin tocar los cimientos. La IA debe respetar esa estructura, no saltársela porque sea más rápido.
Arquitectura hexagonal
Todo lo externo, con adaptador
Tu aplicación se conecta al exterior como un aparato a un enchufe: si viajas a otro país, cambias el adaptador, no el aparato. Incluso el modelo de IA es una pieza externa que algún día querrás cambiar.
Diseño simple
Lo más sencillo que funcione
Generar código no cuesta casi nada, pero mantenerlo sí. Una IA puede añadir capas y opciones que nadie pidió. Cada línea de más es una línea más que cuidar, así que también hay que saber decirle que no.
Profesionalidad
La responsabilidad sigue siendo tuya
«Lo hizo la IA» no es una explicación válida cuando algo falla. La herramienta acelera, pero quien decide y responde eres tú. Y el equipo debe saber más después de usarla, no menos.